21 de febrero de 2011

Compromiso Democrático

por Alonso Núñez del Prado S.


La historia del Perú ha venido siendo la sucesión de "democracias" seguidas por dictaduras, debido especialmente al fracaso de las primeras, sin que con esto pretendamos justificar las segundas.
Nuestros intentos democráticos han tendido a debilitarse, terminando por colapsar dando oportunidad al reclamo que con mucha frecuencia todavía hacen algunos peruanos de un gobierno fuerte que asuma la responsabilidad y el encargo de aquellos que no son capaces de comprometerse por su país.
La democracia es fruto del ejercicio general de la misma. Son demócratas los que actúan como tales en su casa y en su empresa. Es una práctica que casi tiene que ingerirse con el biberón, practicarse en las escuelas, en las universidades, en los centros laborales y, por supuesto también en las dependencias estatales.
En el Perú nada de esto ocurre, por lo menos en la mayoría de los casos, lo que nos lleva a plantearnos la necesidad de construir la democracia y para hacerlo el único camino conocido es el de crear las instancias e instituciones que la hagan posible.
La corrupción y el estrepitoso final del gobierno de Fujimori, que destruyó las incipientes e imperfectas instituciones del país, han creado el marco para el inicio de un proceso de re-institucionalización que debe ser llevado de la forma más eficiente posible, para que en el futuro no se repita lo vivido. Este edificio solo podrá ser elevado haciéndolo lo suficientemente fuerte en sus cimientos y estructura, para que no pueda ser derruido por un nuevo dictador sin mayores esfuerzos, como lo hemos visto. Las instituciones que destrozó el fujimorismo tenían pies de barro, sino traerlas abajo no hubiera sido tan fácil.
En nuestra historia la ruptura entre gobernantes y gobernados sólo ha tenido interrupción durante los períodos electorales, en los que con frecuencia se engaña a los votantes mediante promesas que de antemano se sabe no podrán ser cumplidas o que son hechas en razón de la ignorancia de los candidatos de la real y verdadera situación en que recibirán el mando. En consecuencia, es parte fundamental del proceso de construcción de una verdadera democracia, la educación y la creación de una conciencia que se sienta electora y por tal acreedora de las promesas electorales de sus gobernantes, en la sociedad civil.
En este proceso,  los cristianos y todos los que tenemos formación ética, podemos comprometernos de una manera más audaz, más creativa, con una mayor visibilidad como Iglesia; podemos reconocer que en los años anteriores hemos estado paralizados por las resonancias del terrorismo y nos hemos dejado ganar por un exceso de permisividad. Por ello podemos sacar de nuestra espiritualidad una fuerte capacidad de reacción: en los valores que transmitimos por convicción y estilo de vida, en el hogar y  en nuestra influencia profesional; en la participación ciudadana, en los cada vez más exigentes cauces democráticos; incluso, en la sana acción política.
Como corolario de lo antes expuesto, estamos desarrollando un proyecto que pretende crear una instancia que cumpla con la función de fiscalizar el cumplimiento de las promesas electorales mediante, primero la recopilación de las mismas contenidas en el Plan de Gobierno y en los diversos discursos, entrevistas y similares, dados durante el proceso electoral, sirviendo de puente entre el gobierno y sus electores; segundo, obligando a que en las próximas y futuras elecciones los candidatos hagan promesas responsables y posibles de llevarse a cabo: y tercero, por qué no, a que durante este gobierno se dicte una ley de partidos políticos que entre otras cosas obligue a los postulantes a presentar un detallado plan de gobierno, debidamente sustentado y a que el gobierno publique transparentemente la cifras y el detalle de sus actos durante todo su período.
La institución en proceso de creación, realizará el seguimiento del avance de la gestión del gobierno y los resultados respecto a las propuestas del plan de gobierno presentado durante las elecciones presidenciales de 2001, informando, originalmente, de manera muy simple lo "prometido" y lo "logrado", y más adelante con más profundidad y detalle, pudiendo llegar inclusive a hacer propuestas concretas, para que se logren los objetivos trazados. Todo esto, con la finalidad de apoyar la construcción de una verdadera democracia, en la que la actividad gubernamental sea transparente y conocida por los medios y la población y no buscando crear zozobra o inestabilidad.
La democracia exige una participación permanente de los gobernados en el gobierno y no puede limitarse al acto eleccionario de cada período. Aparte de crear otros mecanismos constitucionales como podría ser la elección del parlamento por tercios, se hace necesario establecer una forma que invite a una mayor participación ciudadana, al mismo tiempo que fiscaliza la función gubernamental mediante el contraste de sus promesas con sus logros.
La función que la institución realizará corresponde a la que cumple la oposición en las democracias más desarrolladas, pero tiene la ventaja de venir de un ente completamente independiente, que no tendrá otro tinte político que la objetividad y transparencia que serán las características centrales del proceder de "Compromiso Democrático".
Tratando de apoyar la democracia puedo uno quedarse en declaraciones de principios y en grandes análisis, lo que este proyecto pretende es “vigilar nuestra democracia” con un seguimiento puntual, exigente y tremendamente cercano. Esto sólo será posible si nos impregnamos de mística y fortaleza. Para ello podemos integrarnos en forma de red: creciendo en relaciones, en comunicaciones, en fluidez de información, en fortalecimiento de los todavía frágiles cauces democráticos. El compromiso es de todos, cristianos y no cristianos, pero nosotros, los cristianos, podemos ofrecer, con humildad, varios aportes: una extensa red creciente en todo el país, una mística, una infraestructura extensa y, sobre todo, un excedente de espiritualidad.
San Isidro, 12 de abril de 2002
Publicado en Cuadernos de Espiritualidad # 98 (Págs. 31-34), de abril de 2002)

La Democracia y la obligación de rendir cuentas

por Alonso Núñez del Prado S.


A través de la historia, la democracia ha perdido una de sus características más importantes, que es la obligación del elegido de rendir cuentas al final de su mandato.

Reduciendo el concepto al mínimo, nos encontramos con que si le damos poder a una persona para que en nuestra representación cumpla con determinados encargos, sin duda, al cumplirse el plazo, le exigiremos que nos rinda cuentas. Es más la ley prevé la responsabilidad del apoderado, cuando no cumple con la indicaciones del poderdante.